Su cara era la habitual de resentimiento; pero mezclada con algo de compasión y arrepentimiento a la vez. Una curiosa mezcla para una curiosa situación. Observé en silencio lo que me había dado; con cara de no entender.
-Creo que he sido injusta contigo, y ya sabes que no soy muy buena explicándome. Así que pensé que esta era una buena forma de ... hacer las paces.
-Ah ... ¿pero, estuvimos en guerra?
-Bueno, ya sabes... no es que nos quisiéramos... había mal rollo; en parte por mí, pero también es que tú ...
-Esta bien, acepto. Haya paz y nos olvidamos de todo. ¿Te apetece tomar algo?
-Tengo que irme
A partir de aquí, la conversación se resumió en formalidades vacías de contenido. Ese vacío conversacional que desea quien se siente vencido y acepta quien no entiende qué carajo está pasando.
¿Un regalo? Sin envoltura, entregado en mano sin previo aviso, sin un hola; si acaso anunciado por una mirada penetrante y extraña... Y más ¿qué tipo de persona hacía ese regalo? ¿con qué intenciones? ¿qué tenía que ver aquello con hacer las paces? ¿por qué hacer las paces, si ella me odiaba y a mi ya me daba igual? Llevaba semanas sin hablarme, mirando desde la distancia, llena de odio y furia... Y ahora esto. No entendía nada. Era algo bastante surrealista; por dos minutos, había salido de este mundo; y a la vuelta no podía asegurar que lo sucedido no era producto de mi imaginación. ¿O sí? Si no, ¿cómo había llegado aquella navaja a mi mano?
Hablemos de motivación. Las personas somos básicamente, visto desde un punto de vista muy frío, máquinas que se mueven del Punto A (el presente) al Punto B (el resultado de la acción que la máquina ha realizado, partiendo del Punto A). Nuestra vida consiste en ir pasando de Puntos A a Puntos B constantemente. Estoy aburrido (Punto A), salgo de mi casa, paseo y si encuentro a alguien interesante, converso; consiguiendo desaburrirme (Punto B). Quiero escribir este artículo (Punto A); entro en Internet, me meto en mi blog, y lo escribo (Punto B; mi localización en este mismo momento, por si me buscas).
Pero nadie pasa del Punto A al B sin un buen motivo; hay que vencer una inercia, una resistencia al arranque, que debe estar bien justificada. Eso es la motivación. Existen siempre más motivaciones que acciones. Algunas no son lo suficientemente fuertes como para desatar una acción (no, no lo son; si llevas tiempo queriendo intensamente hacer algo y nunca te pones a ello, es porque no te importa tanto; empieza por desearlo más fuerte hasta que lo hagas. ¡Estimula tu motivación!). Continuamente aparecen nuevas motivaciones; motivaciones que antes no estaban y tienen su origen en la culminación de una acción o bien durante el viaje del Punto A al B. Algunas son lo suficientemente fuertes como para marcarnos otro Punto B.
Todo esto era para describir esas motivaciones; las que nos apartan del camino; o para que suene menos pecaminoso; las que nos ofrecen nuevas metas a cambio de renunciar a las anteriores.
Estoy seguro que, cuando decidiste visitar mi blog, tenías pensado hacer otras cosas. Sin embargo, llegaste aquí, sólo por curiosidad, y te quedaste leyendo esto; olvidando a lo que venías cuando te conectaste a Internet. Pero... ¿cuándo decidiste conectarte a Internet? Quizás mientras estabas repasando unos papeles y algo te llevó hasta el ordenador. Y antes de revisar esos papeles, tenías pensado salir un momento a tomar el aire. Porque te habías cansado de hacer ejercicio, y aunque no habías cumplido la cantidad marcada, necesitabas tomar aire.... y así sucesivamente. Estos son las motivaciones de un día cualquiera....
Pero... ¿y las motivaciones que marcan el rumbo de tu vida? ¿Cuantos Puntos B has tenido a lo largo de tu vida? Tuvo que haber un primer Punto B. Una vez aspiraste a algo; por el camino te diste cuenta que para alcanzar ese objetivo, quizás necesitarías primero conseguir otra cosa; pero te gustó tanto eso, que profundizaste, y tus aspiraciones cambiaron de color. Y así, multitud de veces. Pero, ¿serías capaz de encontrar el Primer Punto B? ¿Serías capaz de encontrar tu Motivo Primordial?
Cometes un error fundamental, y el no darte cuenta, no te da ninguna ventaja. No se trata de tu ropa, combina bien, te sienta bien y está pulcramente cuidada. No van por ahí los tiros. No se trata de tu peinado, pues debo reconocer que como guinda al pastel, es una guinda deliciosa. Ni tampoco de tus zapatos; parece mentira que su suela esté tocando el sucio suelo; si no supiera que es físicamente imposible, juraría que has volado a varios centímetros de altura durante las últimas horas. Hablando de física; ¡no! tampoco es tu forma física; y no me vuelvas a preguntar, que es un juego que conozco demasiado bien. Ni responderé. No se trata de tu estatura, a pesar de los motes que te valgan. Ni los andares, ni la sonrisa, ni la voz...
No se trata de eso. El error está a un nivel más alto, más abstracto y complejo; pero no por ello menos fundamental. Lo siento, pero hoy en día ya no vale con un buen físico y una buena presencia. No basta con que te quedes quieta, sonrias y seas lo más guapa que puedas. La belleza abunda, es la media, es común.... Hace falta algo más... como no cometer errores fundamentales
Piensalo un momento. No puedes ocultarte a ti mismo quién eres; quién eres en realidad. Aunque nadie más lo sepa, suponiendo que no quieras mostrar lo que eres a los demás. No te puedes engañar a ti mismo. Pero quizás la propia realidad sí pueda engañarte; porque si actuas de una forma distinta a como eres; todo el mundo trata con ese tú falso, y el impacto real que tienes en el mundo es el que produce tu yo imaginario como si fuera real; entonces a todos los efectos, eres lo que muestras ser. Será triste para ti, porque entonces nunca serás tú quien vivas tu vida, sino un ser imaginario que te suplanta. En todo caso, eres lo que eres. ¿Y cómo has llegado a ser lo que eres? Tu vida, tus momentos, tus miedos, preocupaciones. Tus experiencias, infantiles, laborales, amorosas, odiosas. Cada golpe como un cincel, cada caricia como una pincelada. El tiempo, abogado, juez y verdugo, te ha hecho como eres a partir de lo que eras. No puedes huir de tu pasado porque está en tí; porque tú eres tu pasado. Nada de máquinas del tiempo, nada de Deloreans empujados por un condensador de flujo... el pasado está en tus manos, en tus ojos, en tu percepción (en cómo interpretas la realidad... de hecho, tu pasado será quien decida cómo vas a interpretar este texto). Eres lo que eras. ¡Busca en ti mismo! No desees ser; sé. No sientas impotencia por querer y no poder ser algo que crees que no eres. Puedes hacer cualquier cosa que se pueda hacer; y por tanto, puedes ser cualquier cosa que se puede llegar a ser. Y si tienes el potencial de serlo, entonces lo eres; pero aún no lo has descubierto. Siempre que quieras ser algo, busca en tí. Busca porque sólo buscando y sabiendo lo que buscas, podrás encontrar, entender y, a fin de cuentas; ser. Todo lo que serás, lo eres ahora. De este modo, yo, Emil, puedo afirmar que soy todo lo que soy, todo lo que fuí, y todo lo que llegaré a ser.
Admito que el título sólo es un treta para que muchas personas lo lean y se rayen pensando si es para ellas o no. Me gustaría decir que, si sabes a priori cuál es el mensaje, no sabrás a quién va dirigido. O bien, si sabes a quién va dirigido, difícilmente sabrás cuál es el mensaje. Remarcaría el hecho de que, mis mensajes, pueden no estar escritos; quizás no es este el lugar correcto donde buscar, quizás este mensaje sea sólo el anuncio de un mensaje escrito en otro sitio y con otra tinta.
Quizás sea porque crees que vives muy rápido (podremos discutir si eso es verdad o no, pero ese es otro tema), y no le dedicas tiempo a parar en seco, a desconectar de todas esas fuerzas que tiran de ti hacia todos esos lados. Quizás sea que de verdad he sondeado todo lo que eres y no das para más (y por tanto, debería dejar de preocuparme); ojalá no sea así. Quizás sea porque no quieres escuchar, o porque tú misma haces demasiado ruido para oír; que tengas un fuero interno bestial. Quizás sea porque, después de todo, hablamos idiomas diferentes de Verdad. Quizás sea porque estoy siendo eclipsado por un cuerpo menor pero más cercano a ti. Pero mi única recomendación, es que te tomes un momento, te relajes, y observes; que observes detenidamente, los mensajes que hay ocultos tras cada pista.
Bajé los dos tramos de escaleras, crucé la plaza en diagonal. Dos niñas jugando con un gato. Una, la hija de mi vecina; la otra, no lo sé; el gato, de la comunidad. Bajé otro tramo de escaleras, hasta llegar a otra pequeña plaza. Era la segunda puerta a la izquierda... "Una clara, por favó; y un sangüi mitto" - El que pronunciaba estas palabras era yo. Me senté en un corrillo con otros tres vecinos. Hablaban de ... bueno, no me acuerdo de qué. Pero cosas de vecinos. Tomarme una copa con mis vecinos... era algo que, sí, era de lo más natural, pero tenía un sabor a exótico para mí. No sabría decir por qué. Risas, bromas, alguna mirada cómplice a la mesa de al lado. Como cualquier tarde. Sí, se podía decir que estaba cómodo, que podía resumir el momento en la palabra "felicidad". Quien busque la felicidad en algo complejo, se equivoca. Pero entonces, me levanté, subí en uno el nivel del ventilador, tenía mucho calor. Y me quedé congelado. No habían vecinos, no había tarde, no habían mesas, no había clara, ni sandwitches mixtos. Estaba mi cama, la oscuridad, el ventilador y un despertador que marcaba las 4 y media de la mañana (hora arriba, hora abajo). La felicidad está en las cosas sencillas; tan sencillas com un bar debajo de mi casa. Por eso no soy feliz del todo.
Pero un día te volví a ver a escasos metros. Me miraste por un segundo, y luego apartaste la mirada, haciendo como si no me hubieras visto. Pero la propia culpabilidad te pudo; me volviste a mirar. ¡Fallo! Habría picado, de no ser por tu inseguridad. Pensé en acercarme y hablar, pero para qué. Al fin y al cabo yo no tenía nada que decir, ni tú nada que escuchar; y peor aún, al revés. Ambos teníamos, además, quien nos escuchase y quien nos hablase, en otras palabras, teníamos las posibilidades de comunicarnos con otros. Tú, bien atendida. Yo, bien atendido. Y sin embargo, no podía dejar de desear, y alimentar, ese silencio. Y me consta que tú tampoco. Me miraste una tercera vez, esta vez intensamente, antes de volver a desaparecer, sólo Dios sabe por cuánto tiempo.
La belleza es común. La hay por todas partes, no hay que buscarla. Nos espía, nos persigue, nos acecha y nos asalta. Y no, no me refiero sólo a la belleza que se destila de la publicidad en las revistas, en la televisión o en los panfletos que se deshacen con los pisotones de los transeúntes. Ni la belleza que puebla las discotecas, y aumenta copa a copa. Ni aquella con la que a veces me deslumbras (después de todo, hey! soy humano). La belleza, la misma belleza, está en todas partes. Empezando por algo convencional, está en un cielo estrellado, coronado con el arco de la Vía Láctea. O en el Sol abrasador del desierto, en la vida que brota de éste cuando cae la noche. En la lluvia que convierte el marrón en verde, o en la fuerza de las tormentas que se niegan a sucumbir a los programas humanos. Al bullicio de la hora punta, a las calles vacías de las cuatro y media de la mañana. A la voluptuosa y a la vez silenciosa vida que se observa de noche al sobrevolar Málaga. A la humildad con la que a veces somos capaces de admirar a nuestra propia especie; cuando viajamos miles de kilómetros sólo para ver las Pirámides, a la curiosidad que sentimos cuando nos preguntamos "¿Y esto cómo se les ocurrió? ¿Cómo lo hicieron?". A la belleza silenciosa de los fiordos. A las historias que nos cuenta la Alhambra. La que baja del cielo desde los rascacielos de Manhattan, o desde la punta del Kilimanjaro. En general, esa belleza que las cámaras no pueden captar por completo, aquellas que hay que vivir para comprender; porque una experiencia vale más que mil imágenes.
Nada sucedía, hasta que se escuchó una especie de trueno muy alto en el cielo. Todos los transeúntes, posiblemente todo el pueblo, miramos en la misma dirección. Un anillo de fuego se expandía, muy alto en la atmósfera, desde donde parecía haber surgido el trueno. Y nada más sucedió en los cinco próximos minutos. Fue entonces cuando una mujer se despetrificó y lanzó un chillido, señalando hacia la montaña. Una nube, ligeramente luminiscente, del mismo color que el fuego, rodeaba el pico de la montaña, girando en torno a ésta. Todo aquello tenía algo de bíblico. La nube fue dispersándose, hasta cubrir todo el pueblo. Y ya nadie miraba en la misma dirección, cada uno miraba a algún punto del cielo, otros buscaban la explicación en la cara de los demás, sin demasiado éxito. En cuestión de otros cinco minutos, empezó a llover de aquella nube. El agua estaba sucia, era casi negra, y los charcos igual. Nos pusimos todos a cubierto, pues, pasmados o no, a nadie le gusta que le rocíen con un líquido negro de origen desconocido. Cuando dejó de llover, la noche aún guardaba un fenómeno más. Los charcos comenzaron a evaporarse rápidamente, y el vapor (una especie de humo negro) se elevaba al cielo, y se dirigía a la montaña. La montaña estuvo toda la noche cubierta con la nube, que ya no lucía, mientras que el resto del pueblo volvió a la normalidad. Nada, excepto un gran interrogante en nuestras mentes, atestiguaba que nada extraordinario hubiera sucedido aquella noche.
Pudimos vernos aquella mañana en la calles de una ciudad extranjera, cuando pasé a tu lado mientras esperabas el autobús. Pero ni te distinguí entre los demás ni mi presencia te despistó de la concentración con la que leías el periódico. Pudimos vernos aquel mediodía en el restaurante, cuando tú estabas a una mesa de mí. Pero los dos teníamos demasiada prisa, tiempo sólo para comer, beber y callar. Pudimos vernos aquella tarde en el tren, cuando subimos juntos y nos sentamos en lados opuestos del vagón. Pero ambos estábamos bien acompañados. Tú de tu inseparable periódico y yo de un dolor de cabeza, por desgracia, también inseparable. Pudimos vernos aquella noche de marcha, cuando bailamos frente a frente, si lo mío pudiera llamarse bailar. Pudimos vernos, pero los dos íbamos demasiado ciegos para ver nada.
Singularidad es un nombre que proviene de la terminología usada para describir los Agujeros Negros. En ellos la Singularidad es el punto central, una estrella colapsada, reducida al tamaño del punto que cierra esta frase. Su masa hace que las leyes de la física conocidas, no se cumplan alrededor de él. A la Singularidad, se llega cruzando el Horizonte de Eventos (o punto de no retorno), aquella frontera que, si se cruza, no tiene vuelta atrás (la luz no puede salir del Horizonte de Eventos, por eso los agujeros negros son negros). Pero volvamos a la Singularidad de la que hablo. La teoría de la Singularidad Tecnológica ha sido propuesta por gente bastante seria del ámbito de la ciencia (especialmente de la informática). Básicamente, la teoría de la Singularidad propone que llegará un momento en que el ser humano sea capaz de crear un ordenador ligeramente más inteligente que sí mismo. Ese será nuestro Horizonte de Eventos; a partir de aquí, no se puede saber qué es lo que pasará. Se especula, que un ordenador ligeramente más inteligente que el hombre, será capaz de crear otro aún más inteligente (y obviamente, la diferencia consigo mismo sería un poco superior a la diferencia que lo separa del hombre). Esto podría dar lugar a un crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial. Y obviamente, autómatas máas inteligentes que el hombre, no se dedicarían simplemente a crear autómatas más inteligentes que ellos mismos. Podrían suplir las carencias del hombre en tantos otros campos. Se extenderían rápidamente por todos los aspectos de la realidad humana. Aparecerían tecnologías que nosotros no entenderíamos, y en un plazo muy breve. El mundo podría transformarse en años en un lugar muy diferente. Incluso hay quienes defienden la teoría de que con el tiempo aparecerán máquinas capaces de albergar a la propia mente humana, y darle así un recipiente para la eternidad (aunque sea una teoría defendida por figuras de peso en la informática, esto a mí personalmente ya me suena un poco más "espiritual"). En otras palabras, Matrix. Todo esto suena bien (o no; véase la palícula "2001, una odisea en el espacio", donde la máquina tiene todo el control de la misión), pero no debemos olvidar, que nuestros ordenadores personales, por lo menos, no son más que ábacos la hostia de rápidos. De inteligentes nada. Personalmente, aunque la perspectiva me parece interesante (y por eso la cuento en mi blog), creo que para crear una máquina más inteligente que nosotros, antes tendríamos que entender cómo funciona el cerebro humano. Y eso es posible que nunca ocurra. Es posible que el funcionamiento del cerebro humano este completamente protegido de sí mismo; que el funcionamiento del cerebro no pueda desvelar el funcionamiento del cerebro. Porque, como decía alguien (estoy realmente vago para buscar nombres esta noche, lo siento): "Si el cerebro humano fuera tan simple que pudiéramos entenderlo, entonces no podríamos entenderlo".
Mañana vas a recibir una llamada. Sé eso porque conozco bien a quien te va a llamar; sé qué motivaciones tiene, y sé cuándo se le pasarán por la cabeza esas motivaciones. Sé qué sucesos harán que despierten esas motivaciones y sé cuándo y cómo sucederán esos sucesos. En resumen, sé que mañana vas a recibir una llamada. También sé cuándo la vas a recibir. Porque por supuesto, conozco los horarios de quien te va a llamar. Sé cuándo tendrá el rato libre; suficientemente grande para hablar tranquilamente, y suficientemente pequeño para no perderse el resto de su vida. Como ves, soy muy bueno en lo mío. Porque sé qué voy a hacer yo mismo mañana. Dentro de mi complejo horario, sé cuando encontraré un rato libre, más o menos grande, en el que pensaré que la mejor idea es llamarte. Despertado por aquella canción que escuché anoche; esa serie de notas que por muchos motivos va unida a una serie de recuerdos que me apetece recordar (recordar, esa es mi motivación). Y hasta aquí todo lo que yo puedo saber ... ¿Leerás esto antes de que llegue mañana y decida llamarte? ¡A saber!
Recientemente he terminado de ver la tercera temporada de Perdidos (el que me adelante algo de lo que pasa en la cuarta temporada que se prepare, porque las consecuencias pueden dar para varios capítulos de una saerie sobre el sufrimiento humano). Amenazas aparte, ¿habeis sido tan frikis como yo, como para preguntaros "y todo esto, dónde se rodó"? Sinceramente, dados los paisajes, me encantaría visitar tal lugar. Así que hice una visita a Wikipedia, y luego a Google Earth, y he aquí mis hallazgos. La isla de Perdidos, en efecto existe, es una isla y está en mitad del Pacífico (no del Índico, como dicen e la serie). Tampoco es una isla desierta (o parcialmente desierta ;) ). Se trata de la isla de Oahu, en el archipielago de Hawaii. Alberga la ciudad de Honolulu. Abajo os pongo una imagen del extremo noroeste de la isla (si quiereis verla, fijaos en las coordenadas y buscad en Google Earth o similar. Si no habeis visto la serie hasta al menos el principio de la tercera temporada, no sigais leyendo, desvelo cosas de la trama), y he marcado dos puntos. El punto 1 es lo que parece una pequeña finca o algo así... Se trata de la aldea de los otros. El segundo punto es donde se conserva un trozo del avion y el avion de la droga.
Decía alguien, no sé si en la vida real o en un sueño, que lo único triste de ver llegar la primavera cada año, era ver seis meses antes cómo se acaba el verano. Y ahora, a estas horas que estoy también con un pie en la vida real y otro entre los sueños, con un chupito recién tomado (es la única solución a mi alergia a un agente primaveral desconocido), creo que acabo de encontrarle sentido a esa frase. Y es que la vida, al fin y al cabo está sujeta a ciclos, invariablemente. Sabemos esto desde la antigüedad, y por eso inventamos los días y los calendarios. Las revoluciones, las guerras, los imperios. Las modas, las leyendas urbanas. Todo surge en su primavera, brilla en su verano, decae como las hojas en el otoño y desparece fríamente en su invierno. Y no es sólo en la naturaleza, o en la sociedad, sujetas a las leyes de la física y la estadística. Las personas, sujetas a nuestras propias normas, también vemos cómo las cosas se repiten una y otra vez en nuestras vidas. Los amigos, los amores, las épocas buenas, las épocas malas, el ocio, el negocio... oscilan constantemente, y cuando parecen haberse resuelto, se vuelven a complicar. Sin embargo, nada se repite por repetirse. Una repetición no es igual que la anterior. El siguiente ciclo no es el mismo ciclo, es el ciclo que sucede a este ciclo. La rueda da muchas vueltas, pero avanza, no se queda quieta en el mismo punto. En la vida, a base de repetir lo mismo, se acaba viviendo todo...
Cinco minutos, eso es todo lo que tienes. No hay vida más allá de este texto. Cinco minutos es lo que tardas en leerlo y pensar en lo que lees. Y esto pasa una, y otra, y otra vez. Un bucle en el tiempo, que no tiene salida, y de una iteración a la siguiente, no hay ninguna pista que te recuerde que ya has pasado por aquí. Tus recuerdos son falsos, son contenidos de una mente recién creada. No ha habido ningún camino desde el momento en que naciste hasta el punto en que empezaste a leer este texto. En ningún momento encendiste tu ordenador, y jamás tecleaste la dirección o hiciste clic en ningún enlace. No hay más texto en este blog, no hay más páginas en Internet; no hay Internet. Detrás de la ventana de tu habitación no hay un mundo exterior, incluso puede ser que estés rodeado por una burbuja de existencia, una superficie pintada que está justo donde tus manos no llegan. Tampoco hay ningún futuro. Inevitablemente, pasados cinco minutos, te olvidarás de esto, y sin llegar a darte cuenta, desaparecerás de la existencia. Si existiera un después, ese después sería el momento en que empezaste a leer este texto. Lo has leído toda la eternidad, y lo seguirás haciendo el resto de la eternidad. Cinco minutos de vida, en infinitas vidas.
Fue un momento, un instante, mucho más corto que un parpadeo, que el batir de alas de un mosquito. Una minucia. Pero en ese instante comenzó todo. El Universo, las estrellas, los mundos, los seres vivos, el mismo tiempo, comenzó en un instante. En ese instante, el primero, no existía un antes. Antes no había nada, y antes no era nada. El después, el futuro, éramos en ese momento nosotros. A dia de hoy, nosotros somos ahora, el comienzo antes y sólo Dios sabe qué es el futuro. Todo cambia con el tiempo. Hasta llegar a hoy, a nosotros, al 30 de Abril de 2008, muchas cosas han pasado. Muchas conjunciones y coincidencias hasta que pase lo que está pasando, lo que esté pasando... Algunos sucesos ya no existen, sólo forman parte del pasado, otros siguen en el presente, compartiendo con nosotros la fotografía del "ahora". Si algo es evidente, es que todo lo que es, tuvo un comienzo. Y nuestra experiencia nos enseña que todo lo que es, algún día dejará de ser. Todo acaba con el tiempo. Llegará un momento en que ya nada sea, en que todo acabe como comenzó, incluido el propio tiempo. Pero en ese largo periodo entre la creación del Universo y su colapso (o su gradual disolución en la nada), quien no cambia, quien siempre gobierna, es el tiempo. Este Universo es su Universo. Todo lo demás son simplemente sucesos que nacen y mueren, y en ese paréntesis, nos conciliamos mejor o peor con el tiempo. El tiempo es un desafío, un desafío constante. Cuando naces se te da una determinada cantidad de tiempo, y tu vida consiste en gastar ese tiempo. No hay otra cosa. Puedes gastarlo mejor o peor, cambiarlo por otras cosas valiosas, o simplemente derrocharlo todo en una noche, afrontando que no habrá un mañana. Que mañana pertenecerás al pasado. Así mismo, has de saber que todo lo que hagas, todas tus obras y logros, también son efímeros. Podrán durar más que tú, o mucho más que tú, pero el tiempo siempre estará asediándolas, poniéndolas a prueba. Desafiándolas. Y al final, siempre sucumbirán. El tiempo también ayuda a la aparición de nuevas cosas. Al igual que todo tiene su final, todo tiene su principio. La buena noticia es que aún te quedan muchos logros y obras por realizar. Desafíos de la vida que sí puedes ganar. Pero eso sí, siempre que tengas tiempo. Los imperios nacen, pero terminado su tiempo, desaparecen. Los monumentos se construyen con mayor o menor arrogancia, pero pasado su tiempo, siempre acaban siendo un nombre en un libro de Historia, nada más. Los continentes se mueven, acabado su tiempo se convierten en océanos, que acabado su tiempo se convierten de nuevo en continentes, hasta que a la Tierra se le acabe su tiempo. Todo se mueve. En su universo, el tiempo ha dispuesto un escenario en el que el nacimiento y la muerte son los parámetros que definen a cada uno de los entes que lo pueblan. Todo es efímero, todo desaparece. Sólo el tiempo permanece por más tiempo. Pero también le llegará su momento.
Y ahí estaba. El producto de años y años de lucha, una lucha que había consumido mi vida y absorbido mi tiempo. Ahí, por fin cumplido, por fin alcanzado. Un sueño hecho realidad. No más sufrimiento, no más duda ni incertidumbre. No más correr intentando alcanzar el horizonte, porque había alcanzado la meta. Más allá.... un sueño hecho realidad. El final del trayecto, me tenía que bajar del autobús porque ya había llegado. Ya no tenía que mirar el panel y ver si la siguiente parada era la mía o no. Ya no habrían noches sin dormir pensando cuándo podría dormir tranquilo, ni amaneceres apresurados, en los que levantarse y correr. Un sueño hecho realidad. Un trabajo terminado. Un amor alcanzado. Un juego ganado. Una adversidad superada. Una amenaza desaparecida. Un sueño hecho realidad. No más trabajo, no más planificación... ¡ningún objetivo! ¡ningún fin! Oh Dios mío... una pesadilla hecha realidad. Me desperté sudoroso. Me posicioné en el espacio (mi habitación, mi cama) y en el tiempo (mi juventud, mi lucha). Nada estaba logrado, nada había terminado. Esa era la realidad.... una realidad que daba sueño.
Hay cosas que suceden y duran un tiempo o dos. Luego su momento pasa, se desvanecen y desaparecen de la vista. Aparentemente son recuerdos, nítidos al principio, retales de historias entre la realidad y el sueño más tarde. Y a veces cuando ya lo único que quedan son palabras que simplemente relatan lo que hay de forma aséptica, de repente todo vuelve a la realidad. Emergen los recuerdos y la amalgama de recuerdos y mitos se mezcla con la realidad del presente. Es como cuando en la historia las cosas se repiten cíclica y estúpidamente. Una y otra vez cometemos los mismos errores (al menos cada cuatro años). O como cuando minimizamos una página web para hacer cualquier otra cosa, y horas después cuando vamos a apagar, la volvemos a ver y continuar navegando. O como cuando se repiten las modas. O como cuando te das cuenta que me estoy repitiendo con el "O como cuando". Se puede y se debe tomar ideas y lecciones del pasado, eso sí, eso siempre. Pero es un grave error intentar recuperar una historia que se acabó (o se dejó en el tintero), porque todas las demás variables han cambiado. Volver al pasado es enfermizo y volver obsesivamente, una enfermedad. El tiempo no guarda oportunidades, guarda experiencia. El tiempo no guarda el presente, guarda historias. El tiempo no guarda a las personas, guarda sus obras.
(Supongo que se nota que no tenía ni idea de cómo acabar el texto, y la verdad es que me he cargado el primer párrafo que resume la razón de ser de este texto :D )
Últimamente se abusa un poco del termino multicultural. Se dice que España es ahora un país "multicultural", y eso es, simplemente, mentira. Y eso no es malo, es simplemente una circunstancia. Cuando el 90 % de la población tiene la misma cultura, no se puede hablar de multiculturalidad. De hecho, hay muy pocos sitios que se pueda decir que son realmente multiculturales. Yo podría señalar Dubai, por ejemplo, donde la población local supone algo así como el 15% del total. Todo lo demás son personas de muchos otros países. Eso es multicultural. Compadecerse de los demás y pensar "que curiosos son estos salvajes y que guay soy yo" no es ser "multicultural".
Todos sabemos qué es el racismo. Puede que no nos hayamos dado cuenta, pero todos hemos sido víctimas de ello alguna vez. Pero yo voy a hablar de un tipo de racismo tan sutil que puede engañar a muchos. El relativismo moral estará bien en una mayor o menor medida (y esto es un juicio relativista). Pero hay unos límites. Hay algunas cosas que no se pueden permitir, independientemente de las tradiciones o la religión. No se deben aceptar y menos respetar. Da igual en qué dios o dioses creas, debes respetar los derechos humanos. Defender que una cultura conserve sus tradiciones cuando estas implican lapidar a una mujer que ha sido violada, que el marido pueda derramar ácido sobre su cara para que nadie la quiera, que se abandone a una niña recién nacida porque el gobierno sólo permite un bebé por pareja, que se asesine a machetazos a un miembro de la tribu contraria, etc ... es hacer daño a los propios miembros de la comunidad en cuestión. Cuando alguien del primer mundo, bajo un gobierno que garantice los derechos humanos, defiende eso, está deseando lo peor para los demás. Pero seguro que ese alguien no querría que le pasara a él mismo. ¡Eso es racismo! Claro que la diversidad cultural es bella y necesaria. Claro que no queremos un mundo homogéneo. Pero hay que admitir que todos somos seres humanos, pertenecemos a esa especie antes que a ninguna cultura, y debemos ser tratados como tal. Por muy progresista que seas, no mereces más que un niño de una tribu africana, o una mujer india. Y hablo de "progresista" porque la mayoría de quienes defienden estos dogmas multiculturales se declaran de izquierdas. Ser de izquierdas no te hace ser tolerante; te hace ser de izquierdas.
Ya que estamos en campaña electoral, yo también tengo un programa, que cumpliré si los españoles me otorgan su confianza en forma de voto el próximo 9 de Marzo (y si en esta semana consigo montar un partido y una campaña. Las ideas ya me vendrán y los ideales son ideales. Principios.... ¡todo a su tiempo!). Yo les pido, ante todo, que el próximo Domingo vayan a votar, incluso si no es a este partido, porque la democracia es un valor que debemos cuidar y proteger, puesto que es lo único que nos puede cuidar y proteger a nosotros mismos como sociedad y como ciudadanos. En las siguientes líneas, explicaré a los españoles mi programa, que pienso afrontar con ilusión y mucho trabajo. Mi gobierno se centrará en los problemas más importantes; y si no los hay, porque ya los hemos resuelto en la legislatura anterior, los buscaré activamente; siempre con dedicación y esfuerzo, aplicando toda la experiencia en búsqueda de problemas adquirida en los últimos años. Buscaremos el consenso con la oposición; y si no, la oposición con el consenso, porque sabemos que para la mayoría de los ciudadanos el orden de las frases no importa. Mejoraremos el sistema educativo para formar ciudadanos en igualdad. Porque todos somos iguales (y si no, nosotros los haremos iguales). Frente el talento, el talante. Nuestra política de inmigración ha sido inmejorable, pero la mejoraremos aún más. Es obvio que la situación de la inmigración es preocupante, y esto es un problema mundial. Sin embargo, nuestro país está por debajo de la media mundial en este aspecto. La economía será el tema central de nuestro esfuerzo gubernamental. Conseguiremos seguir siendo los únicos que avanzan a pesar de la recesión mundial provocada por el avance de las potencias en vías de desarrollo. Lograremos el pleno empleo y subiremos la paga de desempleo. Conseguiremos la paz mundial mediante el diálogo entre civilizaciones. Crearemos una alianza mundial y además mejoraremos la diversidad de las naciones que dan forma a nuestra propia nación. Finalmente, desearía remarcar nuestra política frente al cambio climático. Nuestro partido piensa que el cambio no es suficiente. ¡Hace falta una auténtica revolución! Para ello destinaremos el 45% del PIB entre el año 2008 y el 2020 y situaremos nuestro país como líder en el cambio climático. Por eso, queridos votantes, os pedimos que confieis en nuestra capacidad y experiencia el próximo 9 de Marzo. Buenas noches y buena suerte (os hará falta)
Cualquiera puede estar hablando horas y horas de absolutamente nada. Lo que queda como testigo del trabajo realizado, son las acciones y sus resultados.
En alguna otra entrada he sugerido esta idea, así que estoy siendo repetitivo. Pero vamos a imaginar, seriamente, por encima de nuestras creencias personales y preocupaciones cotidianas, que esto sucediera de verdad. Supongamos que un día aparecen alienígenas y se presentan ante nosotros como viajeros del espacio, haciendo una parada en nuestro pequeño y olvidado planeta. El día que lo hagan, eso sí, nos enteraremos todos. No será de otra manera. Bien, seguramente una especie capaz de viajar desde los confines del espacio y del tiempo, estará ansioso por saber cómo nos ha ido a los seres humanos, sus homólogos terráqueos, durante el último par de millones de años. ¿Tendremos que contarles que buscamos diferencias entre nosotros y que luego nos separamos por ellas? Por el color de la piel, por el sexo o por la creencia en dioses que en cierto modo formaban parte de nuestra naturaleza. Nos llegamos a creer la cúspide de la creación, a pensar que la Naturaleza se moldeó para cubrir nuestras necesidades (cuando la verdad quizás se ala contraria, que nosotros fuimos amoldados para encajar en la Naturaleza; esa es la maquinaria de la evolución, después de todo), y pensamos que era una fuente inagotable de recursos que nos pertenecían. Dimos forma a nuestro mundo y lo dividimos en parcelas con líneas imaginarias. Aprendimos formas a veces ingeniosas, pero siempre terribles, de destruir a otros seres humanos. Creamos mentiras, manipulamos la Historia, hicimos de los constructores tiranos, y de los tiranos reyes. Quemamos a los sabios, y alimentamos a los charlatanes. Llegamos a tener la capacidad de destruir en un instante, todo lo que la Humanidad forjó en su Historia.
Los seres humanos somos una especie joven, apenas un par de millones de años desde que bajamos de los árboles, en un mundo en el que la vida llevaba miles de millones de años evolucionando; seleccionando a los mejores y dejando de lado a los menos aptos. Nosotros, por otro lado, tenemos también un registro de grandes logros. Aprendimos a amar y a respetar. Conseguimos organizar a una Sociedad enorme y compleja, formada por cada uno de nosotros. Si bien dividimos nuestro mundo, también logramos poder llegar a cualquier punto en segundos, o tener toda la información sobre ese punto sin movernos de nuestro asiento. Creamos algo que no tiene objetivo, pero es indispensable para que seamos algo más que sacos de células pensantes: el arte. Logramos ver, en una sola imagen, todos los amaneceres y todos los atardeceres del mundo. Nosotros, los Humanos, tenemos mucho de lo que presumir. Sólo debemos tomar conciencia de lo que somos capaces de hacer como individuos y como especie. Entonces, podremos responder a la pregunta, que en los últimos dos millones de años, nos ha ido "bien"
Me encanta este vídeo: la letra está abajo, y el vídeo viene subtitulado en español. Disfrutadlo!
Ladies and Gentlemen of the class of ’99 If I could offer you only one tip for the future, sunscreen would be it. The long term benefits of sunscreen have been proved by scientists whereas the rest of my advice has no basis more reliable than my own meandering experience…I will dispense this advice now. Enjoy the power and beauty of your youth; oh nevermind; you will not understand the power and beauty of your youth until they have faded. But trust me, in 20 years you’ll look back at photos of yourself and recall in a way you can’t grasp now how much possibility lay before you and how fabulous you really looked….You’re not as fat as you imagine. Don’t worry about the future; or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubblegum. The real troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried mind; the kind that blindside you at 4pm on some idle Tuesday. Do one thing everyday that scares you Sing Don’t be reckless with other people’s hearts, don’t put up with people who are reckless with yours. Floss Don’t waste your time on jealousy; sometimes you’re ahead, sometimes you’re behind…the race is long, and in the end, it’s only with yourself. Remember the compliments you receive, forget the insults; if you succeed in doing this, tell me how. Keep your old love letters, throw away your old bank statements. Stretch Don’t feel guilty if you don’t know what you want to do with your life…the most interesting people I know didn’t know at 22 what they wanted to do with their lives, some of the most interesting 40 year olds I know still don’t. Get plenty of calcium. Be kind to your knees, you’ll miss them when they’re gone. Maybe you’ll marry, maybe you won’t, maybe you’ll have children,maybe you won’t, maybe you’ll divorce at 40, maybe you’ll dance the funky chicken on your 75th wedding anniversary…what ever you do, don’t congratulate yourself too much or berate yourself either – your choices are half chance, so are everybody else’s. Enjoy your body, use it every way you can…don’t be afraid of it, or what other people think of it, it’s the greatest instrument you’ll ever own.. Dance…even if you have nowhere to do it but in your own living room. Read the directions, even if you don’t follow them. Do NOT read beauty magazines, they will only make you feel ugly. Get to know your parents, you never know when they’ll be gone for good. Be nice to your siblings; they are the best link to your past and the people most likely to stick with you in the future. Understand that friends come and go,but for the precious few you should hold on. Work hard to bridge the gaps in geography and lifestyle because the older you get, the more you need the people you knew when you were young. Live in New York City once, but leave before it makes you hard; live in Northern California once, but leave before it makes you soft. Travel. Accept certain inalienable truths, prices will rise, politicians will philander, you too will get old, and when you do you’ll fantasize that when you were young prices were reasonable, politicians were noble and children respected their elders. Respect your elders. Don’t expect anyone else to support you. Maybe you have a trust fund, maybe you have a wealthy spouse; but you never know when either one might run out. Don’t mess too much with your hair, or by the time you're 40, it will look 85. Be careful whose advice you buy, but, be patient with those who supply it. Advice is a form of nostalgia, dispensing it is a way of fishing the past from the disposal, wiping it off, painting over the ugly parts and recycling it for more than it’s worth. But trust me on the sunscreen…
Cada vez tengo más claro que la sociedad está perdiendo las formas. Quizás con esa idea absurda de que uno siempre debe decir lo que piensa y actuar como le de la gana; que si lo hace de otra forma, está reprimiéndose y que eso le acarreará severos traumas. También pasa con los padres, que piensan que si no dejan a sus hijos hacer lo que les dé la gana, eso minará su seguridad personal y su autoestima. Por eso aplauden a sus hijos cuando a los cuatro años lloran y patalean hasta que les compran el juguete de turno, a los seis son expertos en sexo y violencia (sí, opino que un niño de 6 años no debería ver escenas de sexo por la tele, ¿qué pasa?), a los 8 graban las palizas que les pegan a sus "amigos" y las cuelgan en internet, a los 10 empiezan a beber, a los 12 beben compulsivamente, a los 14 empiezan con las drogas y a los 16 entran en un tratamiento de desintoxicación. ¡Si señor! Puede que no hayan llegado lejos, pero su autoestima es la óptima. Bien, volviendo a las formas; yo creo que la vida sería por lo menos más elegante si recuperáramos las formas perdidas. No hay nada de malo en ceder el asiento a alguien que lo necesita; no hay nada de malo en sonreír cuando hablas con alguien (incluso si es un desconocido y no tienes simpatía por él); no hay nada de malo en decir "Gracias", "Buenos días" o "Por favor". Me da igual que tengas mucha prisa por subir al tren, pero por educación me tienes que dejar bajar a mí primero. Si te voy a comprar algo, me tienes que atender bien, con una sonrisa y agradecido porque soy el que te da de comer, por muy poco que te gusten los extranjeros. Si te llamo no me cuelgues; apaga el móvil si no quieres que te interrumpan. Si te hablo contéstame. Si eres chica y te invito a algo, no me llames machista y me digas que no aceptas porque eres muy moderna, que eso sienta como una patada en la barriga. Si tienes una queja sobre mí, habla conmigo; no susurres a mis espaldas o me grites a la cara; eso es incivilizado; por muy natural que sea y por mucho que te salga del alma. Por si alguien lo duda, todo esto son cosas que me han pasado (o he visto que pasan) y me han hecho sentir como si me hubiera equivocado de mundo. En resumen, creo que dar un poco más de importancia a las formas; ser un poco más hipócritas si hace falta, ayudaría mucho a un ambiente más amable y más humano; menos animal