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lunes, 25 de abril de 2011

Incógnita

Observaba las llamas jóvenes de las cortinas. Absorto, pensaba. Pensaba en nada y pensaba en todo, en nadie y en todos. Pensaba en paz, aislado de todo lo que le rodeaba, de las alfombras en llamas, de los muebles encendidos, del televisor que estallaba en un millón de chispas.


Se levantó de la cama y salió al balcón. Y se lanzó a volar. Su melena ondeaba indiferente, sus pensamientos eran libres. Sobrevolaba calles, parques, lagos. Flotaba sobre la nada, ciego, sordo. Pensaba en algo ahora. Tenía claro que quería volver a su casa. Cerró los ojos. Los volvió a abrir. Absorto, observaba las llamas viejas de las cortinas.

(Inspirado y escrito íntegramente mientras escuchaba "Touch me I'm going to scream Part II" de My Morning Jacket. Patrocinado por mi horario de sueño alterado)

miércoles, 20 de abril de 2011

Insomnio

Esta es la entrada número 200 de Vive Libre o Muere. Creo que refleja bien el espíritu de mi blog: caótico, improvisado y sin mucho sentido.


No puedo dormir. Doy una vuelta, doy otra. Intento no pensar, intento pensar en cosas sin sentido. Pero no puedo. Todo es coherente. Todo tiene conexión. Todo tiene continuidad. La luz que se filtra por la persiana ilumina el techo, ilumina los espejos, ilumina las arañas. Ando una manzana y dos. El ruido que se filtra por las ventanas es de una moto pasando, un coche pasando, el camión de la basura parando. No puedo dormir. Me levanto, voy a la cocina y enciendo la luz. Y abro el frigorífico. No queda más comida, ya la he terminado en mis viajes anteriores, pero no me acordaba. Abro el armario de los cereales, pero sólo queda algo de ron barato. Es algo. Vuelvo a la cama. No puedo dormir. Todos los niños ahora me rodean con sus miradas perdidas. No puedo dormir. Doy más vueltas, y más, y más ... Tengo calor, retiro las sábanas. Tengo frío, me las vuelvo a echar encima. Doy otra vuelta. Tengo calor, me quito las sábanas de una patada. Me levanto, voy a la cocina y abro el frigorífico. La luz del frigorífico ilumina el techo, ilumina las arañas. No queda comida, sólo algo de vodka barato. Es algo. No puedo dormir. Me tropiezo y caigo al suelo, bajo la atenta mirada de la pequeña multitud. No puedo dormir. Vuelvo a la cama, pero no me tumbo. Decido salir a la calle y dar una vuelta hasta cansarme. Me visto y me calzo. En la calle no hay nadie; si acaso, ocasionalmente, un coche que pasa. Pierdo la cabeza. No me canso, empiezo a correr. Pasa una moto. De lejos, una ambulancia. Estúpidas ambulancias, se creen muy importantes con sus sirenas y sus letras al revés. Paso cerca de una guardería. Hay un niño mirándome. No puedo dormir. Ignoro qué hace ahí a estas horas. Dejo de mirarlo y miro al frente. El niño está ahí también, con una pelota de playa. Voy a chocar con él. A mi derecha vuelve a aparecer, pero desaparece de delante. La brisa que se cuela por debajo de la puerta mueve las telas de araña. Corro más rápido, pero me persiguen. Miro atrás, cada vez son más. Todos van con sus pelotas. Todos corren. Ninguno habla. Me levanto del suelo, ya casi me tienen. Me vuelvo a caer, y me rodean. Me miran, pero no a mí. Tienen las miradas perdidas. No puedo dormir.

sábado, 12 de marzo de 2011

Incomunicación

Aunque no hablemos, yo sé qué planes tienes. Sé detalladamente qué momento estás esperando, y sé cómo me vigilas. No tengo una idea exacta de cómo empezarás todo, pero sé lo suficiente para reconocer cuándo habrá llegado el momento. Sé cuáles son tus motivaciones y objetivos, y sé que tendrás la moral alta, que estarás demasiado segura de ti misma.

Y no hago nada por evitarlo ahora. No, porque no quiero huir, porque espero ansioso el momento de verte la cara, de recibir tu ataque, de ver cuáles son tus armas. Porque no importa cuáles sean, yo estaré más preparado. Te desafío a que vengas cuando quieras. Te desafío a intentar capturarme. Te desafío a intentar cambiar mi mundo. Lo apuesto todo, porque estoy seguro que prevaleceré.

lunes, 5 de enero de 2009

Un bocado de libertad

Algo disparó su alarma, algo que despertó lo que quedaba de su alma. Un suspiro de sabor, encerrado en aquel dulce; un sabor dulce que tenía el aroma de algo del pasado. La textura, la suavidad del bizcocho, suavemente acariciando partes de su memoria que no mostraban ninguna identificación. Recuerdos lúcidos, recuerdos milagrosamente frescos, como recién salidos del horno. Su mente se columpiaba, entre el pasado y el presente, empujado por el sabor. Y cada vez que el columpio le llevaba al pasado, conseguía ver un fotograma borroso de lo que representaba aquel recuerdo, pero no alcanzaba a entenderlo. Felicidad, nostalgia, pasado, presente... ¡futuro! Tragó el bollo, consciente de que en su inconsciente se escondía ese recuerdo, que en los próximos minutos sería nuevamente olvido.