viernes, 23 de febrero de 2007
EL SILENCIO
- Te voy a contar cómo lo hice.
- El infierno no se crea a base de cometer pecados. Mira en tu interior y dime si la mayoría de las cosas de las que no te arrepientes no son "pecado". No te dejes engañar y sobre todo no te engañes, la "virtud" no existe.
- Solo hay una cosa de la que me arrepiento, y es de aquello que no hice. Y de lo que no dije. No me arrepiento de la vida que he llevado, sino de la que no he llevado. No me arrepiento de mis acciones, sino de mis omisiones.
- Aquella vez que se me olvidó decir gracias. Aquella persona a la que nunca expliqué por qué nunca más la llamé. Aquella a la que no supe pedir perdón, y aquella otra a la que no supe conceder el perdón. Todas aquellas veces que no supe pedir y por ello me quedé sin conseguir. O aquellas personas a las que no supe decir que sobraban, que molestaban, que su compañía no era bienvenida.
- Los malos momentos pasan. Los malos recuerdos se olvidan. Las malas acciones se perdonan. Los malos silencios atormentan el alma poco a poco. Sin prisas, sin luchar. Se toman su tiempo en destrozarlo todo a base de dejarlo todo como está. Impiden que las cosas cambien.
- De lo que te arrepentirás en el futuro es de lo que no has hecho. ¡Habla! No hables con indirectas, pues nadie te entenderá. No esperes que las personas cambien su actitud solas, pues no lo harán.
- SI TIENES ALGO QUE DECIR, DILO.
Mi reclamación
Como sabreis, hemos tenido algunos problemas con la llegada de las tarjetas de estudiante nuevas de la UMA (lo cual me impide ir al cine con tarifa reducida, además de que no me gusta la foto que tiene el antiguo; parezco un terrorista). Muchos hemos rellenado una solicitud de reclamación. Pero en mi caso tiene interesantes alicientes.
Me limitaré a transcribir la solicitud que rellené, pues creo que se explica lo suficientemente bien.
EXPOSICIÓN DE LOS HECHOS Y LAS RAZONES QUE MOTIVAN LA SOLICITUD:
>> Se ha producido un retraso de varios meses en la entrega de la tarjeta de estudiante en alumnos de Ingeniería de Telecomunicaciones, a lo que se suma el peculiar argumento dado por la secretaria responsable en el centro (ETSIT) para justificar este restraso en mi caso concreto, alegando que "Los nombres raros se entregan más tarde para organizarnos mejor"
Y pienso; ¿no se organizarían mejor ordenando las tarjetas por orden alfabético? ¿Cuál es la frontera entre un nombre "normal" y uno "raro"? ¿Quiere decir que si me cambiara el nombre podría recibir la tarjeta antes? ¿No será que hay empleados raros?
A mí que me lo expliquen ...
domingo, 4 de febrero de 2007
Secuestro
"¿Qué es esto? ¿Es tuyo? No, no puede ser ¿qué ha pasado?"
Hablaba pausadamente, pero las palabras peleaban por salir de mi boca. Se acercó más a mí, como si huyera de algo, y entonces me dí cuenta de que un tipo con un pañuelo en la cabeza y barba de varios días nos apuntaba con una recortada. Junto a él, un hombre de unos cuarenta, moreno y con los ojos saltones, con ojeras de no haber dormido varios días.
"Vamos a dar un paseo. Acompañadme y no se os ocurra decir ni una palabra"
"¿Qué queréis de ..." Me calló quitando el seguro del arma. Cuando los objetos hacen callar las voces, es que alguien puede salir muy dañado.
Sentí la presión del cañón en la espalda hasta una furgoneta negra aparcada a varios metros. También sentía la presión de querer proteger a alguien a quien no podía ni hablar. Es algo duro. Sabes que al final todo saldrá bien, que algo bueno pasará, y que, de no ser así, no lo sabrás hasta el momento en que lo peor suceda. Y por otro lado sabes que quien está a tu lado puede estar sufriendo mucho, que eso es un mal que tiene lugar en el tiempo presente, que tienes la capacidad de arreglarlo, pero que la situación no lo permite.
Y tu seguridad se derrumba entonces. Te vienes abajo, el pánico te invade. Con un poco más de mala suerte, transmites ese pánico a esa persona que desearías tranquilizar, y todo empeora. Al final, derrotadas todas las líneas de defensa, se despierta tu instinto más básico.
La parte trasera de la furgoneta estaba despejada. Le quitaron las bolsas, las pusieron con cuidado en un rincón, detrás del asiento del conductor. Después la metieron dentro, y se acomodó en la pared opuesta. A mí me empujaron a su lado. Se abrazó a mí, quizás buscando protección. Si eso la calmaba...
Tras horas de viaje, estábamos lejos de cualquier núcleo urbano. Noté que la furgoneta deceleraba. Paramos en una gasolinera. Eran las 3 de la madrugada, minuto arriba, minuto abajo, y el copiloto dormía. Mi compañera, que de por sí era una persona intranquila e insomne, milagrosamente estaba también dormida. Despues de todo, alguien le había encontrado el lado positivo a todo esto.
Yo no era un príncipe azul, ni siquiera era valiente. Hacía horas que mi cabeza se había rendido al no dar con la salida de esta situación. Silenciosamente, con cuidado de no despertarla, la alejé de mí, gateé hasta la puerta trasera, y con una velocidad y sigilo que nunca más podré repetir, la abrí y salí corriendo a esconderme en la oscuridad de la noche.
Una gran carga se desprendió de mí. Sólo pesaba, y me dolía la conciencia...
Y entonces, noté un tremendo ardor en la pierna izquierda y caí al suelo. Al mismo tiempo, no se si antes del dolor o después, un ruido sordo. Y noté que alguien se me acercaba. Me hice el muerto, pero me cogió de los pelos y me obligó a mirarle.
"¡Cobarde! ¡Me ibas a dejar sola!"
¡Ay! La conciencia duele como un tiro en la pierna de un cobarde...
domingo, 21 de enero de 2007
Puta
Arriba la clase adinerada, en medio el pueblo llano y debajo los desamparados, los mendigos, los esclavos, las putas...
Eran las 7 de la mañana, mi tren pasaba por encima de un puente. Debajo de este puente, la carretera que conducía al polígono industrial. Y allí la ví. Era enorme, llegaría quizá a los dos metros de estatura. Apenas cubierta por un par de trapos que no la protegían del frío de esa mañana de Enero y dejaban ver una piel del color del café. Intentando atraer clientes que, obviamente ignorarían ese frío.
Clientes que, con su ignorancia alimentan un horrible mercado humano, un mercado antropófago, con el que una parte corrupta de la sociedad se enriquece, y escala a la punta superior del rombo, y compra el respeto del resto, mientras que otra parte, explotada y privada de las mínimos derechos humanos, es renegada a la punta inferior del rombo.
¿Y los que estamos en medio? ¿Qué hacemos nosotros?
Usamos "puta" como insulto, nos sentimos orgullosos de no caer tan bajo, somos indulgentes con los verdaderos criminales y las mafias (¿cuántos traficantes de personas, drogas, armas, etc ... campan a sus anchas en esta sociedad?).
Y todavía nos atrevemos a juzgar a quien tiene que vender su cuerpo para sobrevivir, o peor aún, lo venden por ella. La usamos como insulto. Nos creemos con el derecho de sentir asco. Nos atrevemos a criticar a aquella que intentó escapar de la pobreza para sumergirse en la miseria, para acabar una mañana de Enero, casi desnuda, a las 7 de la mañana intentando atraer a babosos, a los cuales la sociedad no juzga.
Una sociedad que cierra los ojos y no quiere ver, bien haría en cerrar la boca también.
jueves, 21 de diciembre de 2006
Te acuso
Pero sí te acuso, por todo ello, del peor de todos los crímenes ...
Te acuso de malgastar tu vida.
martes, 3 de octubre de 2006
Perder trenes
Dos minutos: Mira a lo lejos, para ver si el semáforo tiene razón, o es sólo una amenaza infundada. Y ve que esta vez el rojo no indica un derramamiento de sangre. Pasa al lado de él, como si fuera el cartel luminoso de una tienda cualquiera. La calle está concurrida, y tiene que esquivar a mucha gente. Gente que viene en sentido contrario y se aparta amablemente, o no tan amablemente, gente que ni siquiera se aparta, incluso gente que se interpone. Gente que va en el mismo sentido, pero va lenta y se interpone. Madres con carritos, ancianos con ruedas. Personas con bolsas de compras, o con bolsos cargados de lo que pronto serán compras. En fin, personas que si no estuvieran ahí le harían la llegada mucho más sencilla.
Un minuto: Sólo está a unos cien metros de la boca de la estación. De hecho ya la ve. En cualquier momento puede salir un viajero. De momento entran otros dos, con muchas prisas, pero no corriendo. Finalmente, llega, no sin antes haber acariciado con sus manos la carrocería de un coche que casi no le vio pasar. Bajó corriendo las escaleras, en contra de la marea de cabezas, brazos, piernas y troncos que emergían de las profundidades. Cuando la canceladora le devolvió el billete, vio cómo el tren empezaba su marcha.
Treinta minutos: Con la brisa del tren abandonando la estación, empezó a notar el sudor que hasta ahora no le había preocupado. ¡Mierda! Se sentó en el banco a recuperar el aliento. Uno realiza una hazaña que en cualquier otra circunstancia ni se plantearía, y todo lo que le queda es una brisa para enfriar el cuerpo, y un banco donde olvidar el enorme pero inútil esfuerzo que ha hecho. Al principio cuesta descansar, cuando el corazón aún bombea fuerte. Luego cansa descansar, cuando uno piensa lo que aún le queda por esperar. Y al final se cansa de cansarse, cuando se queda tranquilo, porque sabe que los trenes se pierden, pero a la media hora hay otro que para.
PD: Que sí, que ya sé que me repito con los trenes y las estaciones, pero paso al día unas dos horas en trenes o estaciones. A la larga, eso significa el 8% de mi vida. Y para colmo, el único 8% en el que no tengo nada que hacer...
domingo, 1 de octubre de 2006
El día
sábado, 30 de septiembre de 2006
Desde que no sé dónde estás
martes, 26 de septiembre de 2006
Ante la adversidad
(De mi antiguo blog)
miércoles, 20 de septiembre de 2006
Equipaje ligero
Un buen día, llegué al mar. Y me embarqué. Durante varios días y noches, vagué a la deriva entre las olas, allá donde el agua es el enemigo, pero el único que no te abandona en todo el viaje. Y tú estabas allí.
Toqué tierra, y seguí andando hasta que ví que mis pies se hundían en la arena clara y seca. Estaba en el desierto. Allá donde el sol siega la vida, y siembra el silencio. Y tú estabas allí.
Me perdí entre las dunas, y cuando me volví a encontrar, estaba en una enorme llanura, poblada de arbustos hasta el horizonte. La vida dormía, protegiéndose del calor de la mañana. Estaba en la sabana, allá donde la muerte es la única garantía para la vida. Y tú estabas allí.
Sobreviví, y seguí sobreviviendo hasta que bajé la guardia, pero pronto me puse de nuevo; estaba en el lugar más verde que te puedas imaginar. Allá donde las voces no callan ni de día ni de noche. Te sobrevuelan, te rodean, pasan por debajo de tí... Hoy devoras y mañana eres devorado. La selva. Y en todo aquel escándalo... tú estabas allí.
Salí de ella, magullado pero entero, y con fuerzas para seguir andando.
Y un buen día, llegué al mar. Pensé, que ya que había llegado hasta allí, daría un paso más, y seguiría adelante. De nuevo, me rodeé de agua y desafié a Neptuno. Él me lanzó tormentas, rayos y olas, pero no me venció. Finalmente me detuvo con enormes barreras de hielo. Me sometió poco a poco, y al final, ya no había más que hielo. Estaba en el polo, allá donde hasta el tiempo se congela, y no pasan ni los días ni las noches. Y tú, estabas allí.
En aquellos caminos muertos, vi hielo de todas las clases; piedras, montañas, liso, rugoso, polvoriento, rocoso, frío, ... más frío todavía.
Y un buen día, llegué al mar. Esta vez no estaba en mis manos elegir, tuve que dar el salto.
Y cuando caí, caí sobre unas montañas muy altas. Seguí en ellas hasta que pasó bastante tiempo, y se acumularon bajo mis pies bastantes kilómetros. Sólo me perturbó una brisa que se convirtió en viento, y luego en tormenta. En la tierra de los huracanes, aprendí a volar... Y tú estabas allí.
Recuperé la conciencia y noté movimiento. Me ví de nuevo en un barco, pero esta vez navegando río abajo, dejándome llevar por la corriente. Aquel viaje, todo un descanso, duró varios días. Y al final, llegué al mar ...
Estuve en muchos lugares más; junglas, salares, volcanes, glaciares, fiordos, cabos, islas, lagos ... Y tú siempre estabas allá donde iba.
¿Mi equipaje? Perdí muchas veces el que llevaba en la mano; pero el que llevaba en la cabeza, siempre estaba allá donde iba.
domingo, 17 de septiembre de 2006
A todos nos pasa alguna vez
martes, 12 de septiembre de 2006
Eres capaz de lo mejor, pero siempre encuentras una forma de usarlo para hacer lo peor. En tí está la bondad, pero aún no le has encontrado un uso.
martes, 5 de septiembre de 2006
Los seis pasos para conocer a Emil
A menudo habreis oido decir eso de que "el mundo es un pañuelo". Pues bien, lo es. Y lo es porque, en potencia yo conozco a todos vuestros conocidos, y todos vuestros conocidos me conocen a mí. A la vez, vosotros conoceis a todos mis conocidos, y todos mis conocidos os conocen a vosotros. Todos estamos a un paso de conocernos. Ese paso intermedio entre yo y vuestros conocidos, sois vosotros, y yo soy el paso entre vosotros y los míos.
Además, cada uno de nuestros conocidos tendrá un conjunto de conocidos, y para llegar a alguien que esté dentro de ese conjunto, habría que dar dos pasos. Sucesivamente, en cada paso, la cantidad de personas que podemos concer crece de modo exponencial.
Pues bien, existe una teoría, llamada la "Teoría de los seis grados de separación", que sostiene que entre dos personas del mundo existe como máximo una cadena de 4 intermediarios. Esto es, tú conoces a alguien, que conoce a alguien, que conoce a alguien, que conoce a alguien que conoce a cualquier persona del mundo que te imagines; famoso o no, importante o no, de cualquier lugar del mundo.
Se ha intentado probar esta teoría, y entre los muchos experimentos (hay que decirlo, muchos de ellos fallidos, aunque los resultados no dejan indiferente) sorprende uno que consistía en dar un paquete a un individuo. Este paquete tenía un destinatario en un país determinado del mundo. Se le pedía al sujeto que enviara el paquete a alguien que conociera y que pensara que podría tener algún tipo de contacto con el destinatario. Resultado: la media de pasos (incluyendo origen y destinatario) que siguieron los paquetes que llegaron fueron 6.
Un juego derivado de esta teoría es el llamado "Los seis grados de Kevin Bacon". Consiste en tomar un actor cualquiera de la historia del cine, y relacionarlo con Kevin Bacon. Para ello se define su "Número Bacon". Por ejemplo, el Chiquito de la Calzada actuó en "Franky Banderas" con Simon Andreu, que actuó en "Bridget Jones: Sobreviviré" con Colin Firth, que actuó con Kevin Bacon en "Where the Truth Lies". Por lo tanto, el número Bacon del Chiquito de la Calzada es 3. Es muy raro encontrar actores cuyo número Bacon sea mayor que 5. El número Bacon medio (entre casi un millón de actores) es de 3.
Este comportamiento, también llamado "Fenómeno del mundo pequeño", aparte de anecdótico, explica muchos fenómenos (transmisión de enfermedades) y puede ser útil (por ejemplo, en el estudio de redes de telecomunicación).
Por supuesto, esto es sólo una teoría. Hay muchos argumentos en contra (quizás más que a favor), pero no deja de ser una visión seductora de nuestro pequeño mundo.
Resumiendo, existen seis pasos (cuatro intermediarios) entre cualquier par de personas en el mundo. Visto desde otro punto de vista, sólo hacen falta seis pasos para conocer a Emil. ¿A qué Emil? A cualquier Emil.
Links:
Para conocer los números de Bacon del actor que querais: http://oracleofbacon.org/
Los seis grados de la Wikipedia: Indica los grados de separación entre dos artículos de la wikipedia: http://tools.wikimedia.de/sixdeg/index.jsp
Una historia real
Aunque esta parezca otra de mis (demasiado) numerosas historias inventadas que tienen como escenario el tren, no lo es. Sí, se desarrolla en el tren, pero esta vez es real. Es la historia de una carcajada.
El tren de las 10 paró en Plaza Mayor, y allí subieron varias personas. Destacadas, un grupo de chicas que, por qué no decirlo, llevaban su puntillo... Hablaban y reían. Y entre esas chicas que destacaban, había una que destacaba aún más. Su risa era la que más se oía. Era una risa aguda y muy "potente". Al principio era bastante molesto, y no paraba. Yo me puse los cascos, para evitar aquella taladrante carcajada. Pero "Losing my Religion" de REM se demostró incapaz de imponerse al volumen de aquella impresionante garganta. Poco a poco, todo el vagón empezó a mirar en la dirección del jaleo, con cara de disgusto o hasta asco. Pero ella seguía. En frente de mí había una señora, que empezó a sonreír. Yo le devolví una sonrisa cómplice, a lo que ella empezó a reirse discretamente. Otro hombre que estaba sentado en la fila de tres asientos, al verla, comenzó también a reirse, y me contagió la risa a mí. En pocos segundos las personas de los asientos cercanos también estaban afectadas. La ola llegó hasta la chica que lo había empezado todo, lo cual, a su vez, le hizo más gracia, con lo que la risa ruidosa pasó a ser una risa que no sabría cómo describir. ¿Explosiva? ¿Histérico-maniática? Eso destrozó las defensas de la gente que aún no había cedido a la risa. Cuando llegamos a Torremolinos, hasta el maquinista se asomó, con cara de sorpresa, pero no tardó en formar parte de la particular fiesta. En la siguiente parada, el grupito se bajó, y nuevamente todas las miradas fueron para ellas. Finalmente volvió a reinar la calma, y cada uno volvió a lo suyo. "Losing my Religion" había dejado de sonar hacía ya un buen rato, pero no me había dado cuenta.
Y es que a veces pasan cosas extrañas. Y no siempre tienen por qué ser negativas, puede tratarse de un montón de gente que no se conoce de nada, sumergida en una carcajada espontánea y multitudinaria por algo que nadie sabe bien de qué se trata.
sábado, 26 de agosto de 2006
La afortunada
Piensa en algo que le falta. ¿Qué?. Eso importa poco. Y lo que le falta también es poco importante. Pero eso no le importa.
Es consciente de casi todo lo que le falta, pero no de todo.
Le falta el amor, lo siente, pero le falta el odio, le falta la guerra, el fanatismo, pero no lo sabe.
Le falta la belleza, lo ve, pero le falta la represión, el velo, el burka, el terror, y eso no lo nota.
Le falta el relax, el descanso, lo necesita, pero le falta la pobreza, el hambre, la necesidad.
Le falta el 90-60-90, puede medirlo, pero le falta la enfermedad, no sabe valorarlo.
¿Que qué le falta?
Le faltan los ojos, pero le sobran las lágrimas.
¿Que más le falta?
Le faltan los oídos, pero le sobran los lamentos.
Mide lo que le falta para tocar el cielo, pero no ve lo alto que ya ha llegado.
PD: Gracias Rocío por animarme a escribir más.
jueves, 13 de julio de 2006
La propina
Mi piel cobriza... ¿Nunca te preguntaste quiénes más la acariciaron como acabas de hacer tú? ¿Acaso has visto las heridas que luce? ¿No sientes curiosidad por saber cómo me las hice?
Yo he viajado, y mucho. Siempre buscándote a tí. Muchos me ayudaron a llegar, pero otros me aprisionaron meses y años. Me tiraron, me robaron, me olvidaron, me encontraron, me amaron, me odiaron ... Mi desaparición fue motivo de alegría para algunos. Otros se despidieron de mí con gran pesar.
He visto mundo, mucho más que tú. Pero sé que siempre te he buscado, como un iluso y como un idiota. ¿Por qué me haces esto? ¿No ves que trato de hacerte feliz? Trato que veas el valor que tengo; el que puedo llegar a tener en el futuro ¿Por qué me abandonas?
Coges tu bolso, te levantas y te marchas sin mirarme; ni siquiera un adios.
Y yo me quedo tirado, en la mesa de este bar; en una bandeja de aluminio frío y sucio, esperando que venga el camarero y me arroje al tarro de las propinas.
sábado, 1 de julio de 2006
¿Sabes a dónde te llevan sus pasos?
domingo, 7 de mayo de 2006
El arma
sábado, 22 de abril de 2006
Orden
sábado, 1 de abril de 2006
Los auriculares
Ich liebe dich nicht mehr oder weniger als du
Als du mich geliebt hast
Als du mich noch geliebt hast
Die warmen Hände sind so kalt
Ich such dich unter jedem Stein
Wo bist du?
Ich schlaf mit einem Messer ein
Lachen ist nicht mehr gesund, und bald
sábado, 25 de marzo de 2006
La naranja
sábado, 11 de marzo de 2006
Entre amapolas
Y de repente, en medio de aquel valle paradisíaco, un sonido familiar llamó su atención. Venía desde el cielo, por encima de sucabeza, de entre las nubes, como un pitido intermitente. Miró hacia la dirección de donde venía el ruido, y entre las nubes no divisó nada. Al volver la vista sobre el valle lo encontró cambiado. Ya no era verde y vivo, sino yermo y blanco; ya no flotaba aquella luz mágica en el ambiente, sino una vaga luz que apenas dejaba apreciar los detalles. Alargó la mano para apagar el despertador.
Las seis.
¡Qué absurdo! Después de dormir horas y horas, estaba más cansada que cuando se acostó. Necesitaba más. Al fin y al cabo, el despertador sonaría dentro de cinco minutos, así que dar una cabezada más no le haría daño alguno.
Media hora más tarde se disponía a cruzar la calle hacia la universidad. Miró a un lado, luego al otro, no pasaba nadie. Se dio cuenta que realmente estaba sola, la ciudad parecía muerta.... ¡muy raro en la hora punta! (a no ser que se jugara un partido de la Selección española, claro...). Al llegar a la otra orilla descubrió un pasaje nuevo, en el que nunca había reparado antes. Decidió entrar para tantear el terreno nuevo; le echaría un vistazo a las tiendas cuando estuvieran abiertas. Anduvo varios minutos por aquel pasillo, lleno de escaparates cerrados, oscuros y vacíos. Definitivamente, aquel lugar no tenía nada interesante... Se dió la vuelta, para comprobar con sorpresa que al fondo del pasillo no estaba la calle, sino otro escaparate. ¿Había girado sin darse cuenta? Llegó al final y vio que a su derecha se abría otro pasillo, pero éste también estaba cerrado. ¡Qué locura! Quizás al final de este nuevo pasillo... pero tampoco, otro pasillo más. Seguro que se había equivocado de dirección. Quiso volver, pero ¡sorpresa! El nuevo pasillo también estaba cerrado. ¡Y ESTA VEZ ESTABA SEGURA DE QUE NO SE EQUIVOCABA! O aquellos pasillos estaban vivos, o ella estaba loca. Con dudas, penetró en el nuevo pasillo, y vio que al fondo había un ascensor con las puertas abiertas. ¿Entrar? ¿No entrar? ... Entró. Antes de que se cerrasen las puertas del ascensor, vio con horror que el pasillo que acababa de abandonar, al cual habia llegado atravesando otro , ahora tenía una longitud de apenas dos metros, y no tenía ninguna puerta, sólo paredes. Se cerraron las puertas del ascensor antes de que pudiera comprobar que sólo tenía un botón amarillo: "ALARMA". Desesperada, presionó el botón hasta el límite de sus fuerzas. Y pudo oír un pitido intermitente que venía de algún punto por encima de su cabeza.
Las siete y cuarto.
Vaya palo, ya perdería por lo menos una hora de clase. Total, seguía cansada, otros cinco minutos, no podrian hacer mucho más daño del que ya se había producido.
Allí no la encontrarían. ¿Pero qué había hecho? ¿Por qué la perseguían? No lo sabía, pero no le interesaba para nada tener antecedentes penales desde tan joven. Y ya era tarde para colaborar. Era una fugitiva. Los vio correr por la entrada del callejón, sin darse cuenta de que estaba escondida detrás del contenedor. Pasaron diez minutos, la cosa se calmó, nadie más pasaba por ahí. Las sirenas sonaban muy lejos. Se asomó, y a la entrada del callejón vio una figurilla mirándola con cara de curiosidad. Era un chucho callejero, pequeño, gracioso. A ella le encantaban los perros, y le agradó aquella compañía simpática. Pero el perro retrocedió a su paso, mirándola con desconfianza. Le ladró varias veces, y salió corriendo, ladrando hasta perderse en la distancia. Apenas un minuto más tarde, toda la calle se inundó de luces, sirenas y hombres armados. La metieron en el coche, esposada, y el conductor arrancó. La sirena comenzó a sonar, pero con un sonido muy extraño y diferente al de cualquier coche de policía. Era como un pitido intermitente, que sonaba en el techo del vehículo, por encima de su cabeza ....
Las doce y media.........
Las tres
Las cinco y veinte
Y así pasó la mañana entre amapolas, perdiendo batallas imaginarias que le impedían acudir a las batallas reales...