sábado, 26 de agosto de 2006
La afortunada
Piensa en algo que le falta. ¿Qué?. Eso importa poco. Y lo que le falta también es poco importante. Pero eso no le importa.
Es consciente de casi todo lo que le falta, pero no de todo.
Le falta el amor, lo siente, pero le falta el odio, le falta la guerra, el fanatismo, pero no lo sabe.
Le falta la belleza, lo ve, pero le falta la represión, el velo, el burka, el terror, y eso no lo nota.
Le falta el relax, el descanso, lo necesita, pero le falta la pobreza, el hambre, la necesidad.
Le falta el 90-60-90, puede medirlo, pero le falta la enfermedad, no sabe valorarlo.
¿Que qué le falta?
Le faltan los ojos, pero le sobran las lágrimas.
¿Que más le falta?
Le faltan los oídos, pero le sobran los lamentos.
Mide lo que le falta para tocar el cielo, pero no ve lo alto que ya ha llegado.
PD: Gracias Rocío por animarme a escribir más.
jueves, 13 de julio de 2006
La propina
Mi piel cobriza... ¿Nunca te preguntaste quiénes más la acariciaron como acabas de hacer tú? ¿Acaso has visto las heridas que luce? ¿No sientes curiosidad por saber cómo me las hice?
Yo he viajado, y mucho. Siempre buscándote a tí. Muchos me ayudaron a llegar, pero otros me aprisionaron meses y años. Me tiraron, me robaron, me olvidaron, me encontraron, me amaron, me odiaron ... Mi desaparición fue motivo de alegría para algunos. Otros se despidieron de mí con gran pesar.
He visto mundo, mucho más que tú. Pero sé que siempre te he buscado, como un iluso y como un idiota. ¿Por qué me haces esto? ¿No ves que trato de hacerte feliz? Trato que veas el valor que tengo; el que puedo llegar a tener en el futuro ¿Por qué me abandonas?
Coges tu bolso, te levantas y te marchas sin mirarme; ni siquiera un adios.
Y yo me quedo tirado, en la mesa de este bar; en una bandeja de aluminio frío y sucio, esperando que venga el camarero y me arroje al tarro de las propinas.
sábado, 1 de julio de 2006
¿Sabes a dónde te llevan sus pasos?
domingo, 7 de mayo de 2006
El arma
sábado, 22 de abril de 2006
Orden
sábado, 1 de abril de 2006
Los auriculares
Ich liebe dich nicht mehr oder weniger als du
Als du mich geliebt hast
Als du mich noch geliebt hast
Die warmen Hände sind so kalt
Ich such dich unter jedem Stein
Wo bist du?
Ich schlaf mit einem Messer ein
Lachen ist nicht mehr gesund, und bald
sábado, 25 de marzo de 2006
La naranja
sábado, 11 de marzo de 2006
Entre amapolas
Y de repente, en medio de aquel valle paradisíaco, un sonido familiar llamó su atención. Venía desde el cielo, por encima de sucabeza, de entre las nubes, como un pitido intermitente. Miró hacia la dirección de donde venía el ruido, y entre las nubes no divisó nada. Al volver la vista sobre el valle lo encontró cambiado. Ya no era verde y vivo, sino yermo y blanco; ya no flotaba aquella luz mágica en el ambiente, sino una vaga luz que apenas dejaba apreciar los detalles. Alargó la mano para apagar el despertador.
Las seis.
¡Qué absurdo! Después de dormir horas y horas, estaba más cansada que cuando se acostó. Necesitaba más. Al fin y al cabo, el despertador sonaría dentro de cinco minutos, así que dar una cabezada más no le haría daño alguno.
Media hora más tarde se disponía a cruzar la calle hacia la universidad. Miró a un lado, luego al otro, no pasaba nadie. Se dio cuenta que realmente estaba sola, la ciudad parecía muerta.... ¡muy raro en la hora punta! (a no ser que se jugara un partido de la Selección española, claro...). Al llegar a la otra orilla descubrió un pasaje nuevo, en el que nunca había reparado antes. Decidió entrar para tantear el terreno nuevo; le echaría un vistazo a las tiendas cuando estuvieran abiertas. Anduvo varios minutos por aquel pasillo, lleno de escaparates cerrados, oscuros y vacíos. Definitivamente, aquel lugar no tenía nada interesante... Se dió la vuelta, para comprobar con sorpresa que al fondo del pasillo no estaba la calle, sino otro escaparate. ¿Había girado sin darse cuenta? Llegó al final y vio que a su derecha se abría otro pasillo, pero éste también estaba cerrado. ¡Qué locura! Quizás al final de este nuevo pasillo... pero tampoco, otro pasillo más. Seguro que se había equivocado de dirección. Quiso volver, pero ¡sorpresa! El nuevo pasillo también estaba cerrado. ¡Y ESTA VEZ ESTABA SEGURA DE QUE NO SE EQUIVOCABA! O aquellos pasillos estaban vivos, o ella estaba loca. Con dudas, penetró en el nuevo pasillo, y vio que al fondo había un ascensor con las puertas abiertas. ¿Entrar? ¿No entrar? ... Entró. Antes de que se cerrasen las puertas del ascensor, vio con horror que el pasillo que acababa de abandonar, al cual habia llegado atravesando otro , ahora tenía una longitud de apenas dos metros, y no tenía ninguna puerta, sólo paredes. Se cerraron las puertas del ascensor antes de que pudiera comprobar que sólo tenía un botón amarillo: "ALARMA". Desesperada, presionó el botón hasta el límite de sus fuerzas. Y pudo oír un pitido intermitente que venía de algún punto por encima de su cabeza.
Las siete y cuarto.
Vaya palo, ya perdería por lo menos una hora de clase. Total, seguía cansada, otros cinco minutos, no podrian hacer mucho más daño del que ya se había producido.
Allí no la encontrarían. ¿Pero qué había hecho? ¿Por qué la perseguían? No lo sabía, pero no le interesaba para nada tener antecedentes penales desde tan joven. Y ya era tarde para colaborar. Era una fugitiva. Los vio correr por la entrada del callejón, sin darse cuenta de que estaba escondida detrás del contenedor. Pasaron diez minutos, la cosa se calmó, nadie más pasaba por ahí. Las sirenas sonaban muy lejos. Se asomó, y a la entrada del callejón vio una figurilla mirándola con cara de curiosidad. Era un chucho callejero, pequeño, gracioso. A ella le encantaban los perros, y le agradó aquella compañía simpática. Pero el perro retrocedió a su paso, mirándola con desconfianza. Le ladró varias veces, y salió corriendo, ladrando hasta perderse en la distancia. Apenas un minuto más tarde, toda la calle se inundó de luces, sirenas y hombres armados. La metieron en el coche, esposada, y el conductor arrancó. La sirena comenzó a sonar, pero con un sonido muy extraño y diferente al de cualquier coche de policía. Era como un pitido intermitente, que sonaba en el techo del vehículo, por encima de su cabeza ....
Las doce y media.........
Las tres
Las cinco y veinte
Y así pasó la mañana entre amapolas, perdiendo batallas imaginarias que le impedían acudir a las batallas reales...
sábado, 11 de febrero de 2006
La niña
viernes, 10 de febrero de 2006
Un árbol
sábado, 4 de febrero de 2006
A nadie le importa
viernes, 27 de enero de 2006
Incomunicación
domingo, 22 de enero de 2006
Un viaje normal
jueves, 12 de enero de 2006
Una mañana de estas ...
viernes, 6 de enero de 2006
En las afueras de la Felicidad
salen disparadas hacia atrás. Voy rodando sobre el agua, dejando detrás de mí una nube, eclipsando mi pasado.
De lo hecho me separan litros de gasolina, de lo dicho, vueltas y vueltas del cuentakilómetros, de lo visto,
toneladas de negro asflato.
Carteles luminosos anunciando no sé qué, vallas publicitarias con no sé cuántas fantásticas ofertas. Otros coches, civilizados, que dejo atrás no mucho más lentamente que a las gotas de agua.
a través del mismo infierno, si el camino me conduce allí...
se sumerge en las llamas a una velocidad endiablada, y deja a su paso una estela de cenizas y huellas de neumáticos cuyos dibujos han desgastado la distancia, la velocidad y el tiempo.
sábado, 19 de noviembre de 2005
Hijo de la ciudad
Despertó a una vida nueva. Bajo la luz del Sol naciente, bajo la sombra del alma de la ciudad humeante, se puso en pie, levantóse de la dura cama. Nuevos sueños invadieron su mente al despertar, nuevas ilusiones al volver a la realidad. Se asomó al balcón, y vio la ciudad bullir bajo el cielo marrón. Miles de personas conducían, millones eran conducidas; todas se movían. Y nadie podía verle ... Nadie podía escucharle; ni siquiera sabían que existía; nadie sabía que hoy nacía de nuevo.
Sabía que se asomaba a una marabunta solitaria, a una multitud de solitarios, al ruido de la incomunicación. Bajó a la calle y comenzó a andar sin rumbo. Se diluyó entre una muchedumbre silenciosa y se perdió.
El hijo de la ciudad volvía a casa.
miércoles, 2 de noviembre de 2005
English is throwed (El inglés esta tirao)
sábado, 8 de octubre de 2005
Lea Esto
Y cada mano hasta donde alcanzaba mi vista sostenía una lata. Pero ninguno parecía darse cuenta. Es más, miré y encontré una en mi propia mano; no había reparado en ella hasta ese momento.
Algunas dudas comenzaron a asaltar tímidamente mi mente; ¿de dónde venía aquella lata? ¿Y todas las demás? Le dí un sorbo a la bebida que contenía. Era dulce y gaseosa, pero no sabría identificar el sabor con nada "del mundo real".
Caí en la cuenta de que todo aquello era absurdo. Quiero decir, todos teníamos la lata y bebíamos de ella, sin saber cómo y cuándo llegó a nosotros ni qué tenía dentro. Y sin embargo nadie nos obligaba. Al menos no a mí. ¿Por qué iba nadie en su sano juicio a comprar algo que ni conocía ni necesitaba?
Bueno, quizás estaba pensando demasiado. Eché un vistazo a mi alrededor. Todo vivo... pero seguía habiendo algo en aquel ambiente que no me encajaba. Un punto de antinaturalidad, de falsedad.
Instintivamente dí mi último sorbo a la lata y la tiré en el contenedor de latas, que a esas horas de la mañana ya estaba lleno. Al salir, aún no había reparado en el mastodonte de hierro que se alzaba en el mismo centro del parque, un inmenso cartel rojo, que en letras blancas contenía un breve, sencillo, directo, pero a la vez efectivo mensaje: "Beba CocaCola"
miércoles, 5 de octubre de 2005
La cripta
Sigues las instrucciones de la voz. Todavía sigues conversando contigo mismo, llevas todo el día haciendolo, y aún no te has acostumbrado al silencio al que ya tienes derecho. Mientras tanto, has llegado hasta la puerta de la cripta. Todo está oscuro aquí fuera. Abres y das un paso hacia ese mundo de luz. Y entonces todas las historias invaden tu mente.
Guardas silencio y te conviertes en un espectador.
Recuerda voces del pasado, imágenes de sucesos ya lejanos en el tiempo, pero presentes en la actualidad de la memoria. Recuerda personas y lugares, lejanos en el espacio, pero presentes en su minúsculo mundo, que se extiende entre sus ojos y su nuca.
Viaja recordando viajes; sonríe recordando sonrisas; se hace más persona recordando personas.
Y al final, decide salir de nuevo.
Cierro el álbum de fotos, o la carpeta donde las guardaba en mi disco duro, y con mis recuerdos en mente, vuelvo a ser yo mismo.
Soy lo que mis recuerdos hacen de mí, y soy el fiel reflejo de los buenos y de los malos; soy el libro de mi propia historia. Mis recuerdos son la prueba de que he vivido, y me dan el derecho de seguir viviendo. Con ellos en mente, puedo parar, y descansar tranquilamente, y ganarme el derecho de vivir mañana.
Y recuerda, cuando no tengas nada, recuerda, pues aunque vivas en el presente, lo que te lleves de este mundo sera sólo lo que recuerdes.